Acentuaciones Pastorales de la Iglesia Peregrina en Atacama 2017

“Ánimo, soy Yo, no tengan miedo” (Mt 14,27)
UNA IGLESIA QUE ESCUCHA, ANUNCIA Y SIRVE

INTRODUCCIÓN

Necesitamos palabras buenas, necesitamos obras buenas, ¡necesitamos miradas buenas y oídos abiertos! ¡Necesitamos la fe y la misericordia! Estas “acentuaciones”, y los textos y las catequesis o conferencias, etc. nos ayudarán; pero jamás nos dispensarán de la oración. Jesucristo es el verdadero Dios y verdadero Hombre, el Salvador. En Él encuentra valor y dignidad toda persona humana, toda vida desde su comienzo al fin, todas las plantas y los animales y el cosmos; en Jesucristo se construye y consuma el Reino de Dios que queremos construir y servir. Les invito con fuerza a que recen personalmente y participen en la oración de la comunidad cristiana; les invito con fuerza a que participen en las actividades y encuentros: no multipliquemos sin más actividades que pueden ser mero activismo, sino que hagamos de cada actividad un momento de luz, de fe y de vida, de servicio a los demás. Así mirando, reflexionando, actuando y orando iremos haciendo discernimiento y al discernir el Espíritu nos llevará a discernir mejor cada vez: miraremos desde la fe, escucharemos desde el corazón, acompañaremos y acogeremos desde la verdad.

En la Iglesia siempre hay niños, jóvenes, adultos y ancianos; a todos debemos respetar, a todos debemos amar. Estas “Acentuaciones”, en sintonía con la Iglesia universal, quieren focalizarse en los jóvenes: tenemos que acercarnos a los jóvenes para escucharlos, para acompañarlos; tenemos que acercarnos a los jóvenes para decirles con nuestras palabras y con nuestras conductas la belleza de la vida, del matrimonio, de la familia, de la fe, de la Iglesia, de Jesucristo, de Dios. Los jóvenes no quieren ni tienen que ser copia nuestra, pero nos duele y cuestiona verlos alejarse, desentenderse de los valores morales y de la religión. Si nos asoma la inseguridad o el desconcierto del interrogante ¿Qué será de la Iglesia, qué será de nosotros, qué será de los jóvenes mañana? Miremos a Jesús. Robustezcamos nuestra certeza con la Palabra de Dios (Lea MC 9, 14-29; Mt 17, 19-0): Jesús sana al epiléptico que los apóstoles, a pesar de sus esfuerzos, no han podido sanar. “¿Por qué nosotros no pudimos?... Jesús les contestó: “porque tienen poca fe”. Al padre del epiléptico le había asegurado: “¿Todo es posible para el que cree!”. Y el padre del muchacho exclamó: “¡Creo, pero ayúdame a tener más fe”. Pidamos a Jesucristo fe para creer en más en Él, fe para creer más en los jóvenes, fe para creer más en la familia y en la Iglesia.

+Celestino Aós B., Obispo de Copiapó


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